¿Clientes?

Vienen por el chori y la coca”. “La gente no sabe votar”. Frases que viajan y se oyen y transmiten y quedan en el imaginario social de la población sin siquiera preguntarse por ellas. Tal vez, en este tiempo hayan resonado más como argumentos fácticos por parte de la sociedad como forma de defender su postura política. Lo cierto es que bajo ningún punto de vista puede analizarse el apoyo político desde la facilidad del menosprecio. Javier Auyero, en sus trabajos sobre clientelismo político, nos lleva a reflexionar y repensar la forma establecida que tenemos de imaginar las prácticas clientelares y entenderlas como redes personalizadas de resolución de problemas cotidianos de una parte de la sociedad, junto con la necesidad de estudiar las interpretaciones que realizan los propios “clientes”.

Una concepción tradicional del término clientelismo abarca un acuerdo de intercambios entre undescarga “patrón”, quien posee mayor rango en el sistema político, un mediador (“puntero”) y los “clientes”; caracterizado además por lazos jerárquicos y asimétricos, apoyados por un marco político-institucional, en el que se intercambian bienes o servicios, favores o trabajos, por votos y lealtad política. Suele generalizarse a la población de menores ingresos con la práctica clientelar, dado que existe un acceso diferencial a los recursos del Estado.

¿Cuál es el problema que ronda en estos tiempos entonces? El desprecio que existe hacia las personas que por efectuar su libre derecho a elección son calificadas o etiquetadas de forma autoritaria por aquellos que consideran que su voto es el “correcto” o el mejor. Están aquellos también, militantes o simpatizantes, que de esa marca de desprestigio que quieren impregnar, logran motivo de orgullo. Por otro lado, y citando a Auyero, “el problema del término clientelismo es que termina reemplazando la idea de la conducta de la pobreza: los pobres son pobres porque tienen este tipo de conductas”. Hasta se llega a pensar despreciativamente que el voto de la población sólo se efectúa en función de un favor particular.

El etnocéntrico supuesto de analizar tan sólo desde nuestra postura las diferentes formas de efectuar política lleva tan sólo al empobrecimiento de la formación de nuestra opinión al respecto; sin justificar de ninguna manera el hecho de que algunos dirigentes políticos tengan como parte del electorado a sectores de los que pudo aprovecharse dada su situación. Desde la perspectiva de los “clientes”, en tiempos de elecciones los políticos se encuentran al acecho, tiempo para reclamar lo que en otro momento (post-elecciones) ya no cumplen: aprovechar y pedir, la oportunidad de sacarles algo.

En palabras de Auyero, y como forma de despertar el accionar y no sólo la reflexión, “la única manera de que no tengan que acercarse a alguien para que les resuelva estos problemas es que el acceso esté garantizado”. Las personas que irradian comentarios despectivos (“vienen por el chori y la coca”), ¿harán algo para remediarlo?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s