2021: Una odisea en la escuela (Parte 2)

En la parte inicial de esta nota habíamos jugado a ser directores de escuela, al menos por un rato, para intentar pensar como afrontaríamos nosotros el desafío de educar para dentro de 6 años en el futuro. Intentándolo, nos encontramos con el problema de que, en realidad, no podemos predecir cómo va a ser ese futuro, y por lo tanto, difícilmente podamos anticiparnos a las necesidades de nuestros alumnos para encarar el mundo que les espera. Por último, planteamos que el desarrollo de la creatividad es una herramienta más que interesante que debe ser tenida en cuenta como posible solución  a ese problema. (Si empezaste por acá, ¡te recomiendo que leas la parte anterior!)

celus en la escuela.jpg

En todo este lío, ¿cómo plantean la educación a futuro las entidades educativas de nuestro país?

Si observamos el diseño curricular de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para el ciclo de 6 años que va del 2014 al 2020 de la Nueva Escuela Secundaria (o NES… sí, casi como la consola, para los lectores más jovatos que entienden la referencia) establece como uno de sus propósitos centrales: “Orientar la escuela hacia el futuro”. Dentro de esto, desarrolla que “se apunta construir una escuela que sea un espacio abierto […] Particularmente, en instituciones formadoras de alumnos con las aptitudes necesarias para su desempeño pleno en la sociedad del siglo XXI. Entre ellas, se destacan: […] el pensamiento crítico, la iniciativa y la creatividad […]”[1]

Más tarde define al “Pensamiento crítico, iniciativa y creatividad”  como la “habilidad para adoptar una postura personal y original respecto de una problemática determinada, analizando rigurosamente la información sobre la base de los conocimientos y saberes disponibles.”[2]

Es decir que, desde la teoría al menos, el desarrollo de la creatividad está pensado como una aptitud necesaria para la formación de los alumnos en la sociedad del siglo XXI. Sin embargo, ¿en dónde exactamente del diseño curricular se ve reflejado esto? ¿Con qué saberes y prácticas dentro del aula se planea trabajar para fomentar estas aptitudes?

Si buscamos la respuesta dentro de dicho programa encontramos que “En segundo lugar, y para desarrollar específicamente la iniciativa y la creatividad, se facilitará el desarrollo de un ambiente receptivo para que los alumnos y alumnas presenten a sus docentes o compañeros proyectos de investigación con temáticas variadas pero que expresen sus intereses personales. Esta experiencia permitirá que descubran y valoren que han sido ellos los que tomaron la iniciativa para conocer y aprender”[3]

A mi entender, si bien un ambiente receptivo para presentar proyectos de investigaciones propios no es para nada una mala idea, difícilmente vaya a fomentar realmente la creatividad en los alumnos y alumnas. Entonces, ¿qué prácticas sí sirven para desarrollarla?

Para intentar responder esa pregunta, analicemos el estudio del doctor Charles Limb, profesor de Otorrinolaringología-Cirugía de Cabeza y Cuello de la Universidad Johns Hopkins, quien se está esforzando por entender los procesos neurológicos detrás de la creatividad. Limb, amante del jazz, dice que “empecé a mirar a los músicos de jazz tocar blues como una manera de entender cómo el cerebro creativo emerge desde la perspectiva de la neurociencia”. [4]

Él y su equipo diseñaron un teclado de plástico que pudiera tanto tocar y escuchar un músico mientras estuviera dentro de una máquina de resonancia magnética. Luego, le pidieron a un músico de jazz que se metiera en la máquina de resonancia y tocara, primero una pieza de memoria, y luego improvisara otra totalmente nueva, mientras ellos observaban los cambios que se realizaban en el cerebro desde la sala de control.

Por suerte, y en base a este estudio, el profesor Limb propone claramente que la creatividad puede ser desarrollada. “Cuando los músicos van a una improvisación, el cerebro hace un cambio y los lóbulos prefrontales laterales responsables de la vigilancia consciente de sí misma trabajan a menor capacidad.”[5] En otras palabras, explica que los músicos estaban apagando la auto-censura en el cerebro para que este pudiera generar nuevas ideas sin restricciones.

Ahora bien, esto llevado a un ámbito escolar implica que la creatividad puede ser desarrollada si dentro de la escuela generamos los espacios adecuados en donde practicar estas cualidades.  Limb propone que “hay que cultivar estos comportamientos introduciéndolos en los niños, y haciéndolos conscientes de que mientras más los desarrollen mejor van a ser en ello.” Y por último, agrega que “el arte puede ser una de las mejores maneras de entrenar el cerebro para tener este tipo de fluidez creativa”. Él cree que el arte es tan central a la educación como matemáticas y lectura, especialmente cuando se realiza en entornos de colaboración como una banda o una orquesta.[6]

Si el arte juega un rol tan central en el desarrollo de la creatividad y la capacidad de resolución de problemas, ¿por qué entonces está tan poco presente en los diseños curriculares? No solo en los de las nueva NES, si hacemos un recorrido por las distintas leyes educativas que ha tenido este país, en ninguna se le ha dado mucha prioridad al desarrollo artístico.

arte escuela
-¡Un estudiante lleno todo menos los círculos! // -¡En la escuela de arte sería un genio!

El desarrollo de la creatividad por medio de las disciplinas artísticas no es solamente una cuestión que sucede accidentalmente en algunos niños y que tiene que ver con el entretenimiento. En base a los efectos que tiene en un alumno, el desarrollo de disciplinas artísticas en conjunto con espacios de improvisación y creación colectiva e individual debería ser una prioridad educativa, tan importante como el desarrollo de las matemáticas, la lengua, la programación y otras disciplinas académicas.

Estas consideraciones ya las manifestó Sir Ken Robinson, quien en su estudio para el Comité Consultivo Nacional de Educación Creativa y Cultural de los Estados Unidos escribe que “[…] tiene que haber un equilibrio en el plan de estudios entre diferentes campos de la educación creativa y cultural particular: las ciencias, artes, humanidades, educación física y educación tecnológica. El plan de estudios tendió a hacer hincapié en la importancia de algunas de estas disciplinas más que otras, en gran parte porque algunas fueron consideradas como más útiles o relevantes para el empleo.”[7]

Nos debemos un real debate acerca de la reformulación de la curricula educativa. Para tener prácticas que no solo suenen bien en la teoría, sino que propongan espacios concretos y eficientes para ofrecer una educación adecuada a nuestro tiempo, y con el potencial de ser adecuada para los que vendrán. Una que ayude a los alumnos a desarrollarse (de forma individual y colectiva) como personas, ciudadanos y actores sociales. Y el desarrollo creativo es, sin lugar a dudas, un factor clave que debe ser tenido en cuenta, y materializado en la propuesta educativa actual.


[1] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/recursos/NESCB-2014_web.pdf. Pág. 29
[2] Ídem. Pág. 57
[3] Ídem. Pág. 76,77.
[4] http://www.hopkinsmedicine.org/hmn/s08/feature4.cfm
[5] Ídem.
[6] http://ww2.kqed.org/mindshift/2014/04/11/the-link-between-jazz-improvisation-and-student-creativity/
[7] https://web.archive.org/web/20150215142042/
http://sirkenrobinson.com/skr/pdf/allourfutures.pdf Pág. 59
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